2 abril, 2012

Poniendo el sector en hora

 

De entre todas las bestias que están a nuestro alrededor, acechando detrás de los matorrales, esperando su momento en el interior de las guaridas, aullando en la noche para amedrentarnos, el mayor depredador, aquel al que tememos más que a ningún otro y no sabemos combatir, es el tiempo.

Somos incapaces de comprender y asimilar el paso del tiempo y por ello hemos inventado los relojes y los calendarios, instrumentos que nos ayudan a medir y entender el transitar mecánico e inagotable de las horas y los días.

En el ámbito profesional, la única manera de conocer lo que sucede y comprender lo que pasa a nuestro alrededor, medir el tiempo en que vivimos, son las ferias.

Desde hace algunos años, las ferias profesionales se hallan en entredicho porque las autopistas de la información –el uso generalizado de correo electrónico, el despegue de las redes sociales…– pueden hacernos pensar que no es necesario verse para hacer negocios, basta con una pantalla, una conexión ethernet, las yemas de los dedos pulsando las teclas.

Quizás sí, quizás no.

Es cierto que una feria ya no es el único lugar en el que se pueden establecer relaciones comerciales, pero no cabe duda de que siguen manteniendo su relevancia dentro de la industria tal y como ha puesto de manifiesto la última edición de Alimentaria.

Más de 140.000 profesionales se dieron cita entre el 26 y el 29 de marzo en el recinto ferial Gran Vía de Fira de Barcelona. Puede que sea porque duraba cuatro días en lugar de los cinco de ediciones anteriores o porque la huelga general del 29 de marzo llevó a muchos a acercarse durante las tres primeras jornadas, lo cierto es que los pasillos de la feria estaban esos días a rebosar, principalmente en salones como Intercarn –del que ya hablamos aquí– y Multiproducto.

También el Pabellón de las Autonomías fue uno de los más visitados. Con el tiempo, se ha convertido e un emblema de Alimentaria porque viene a ser un mapa, una fotografía, un fresco de nuestra industria de alimentación y de la cultura gastronómica nacional.

 

 

El más bullicioso, suele ser, sin embargo, el salón Intervin, dedicado al vino. No sabemos, ¡hip! las razones por las que la gente suele estar tan ¡hip! alegre y dicharachera en él. En este espacio se ven los stands más espectaculares de la feria, ya que la imagen ¡hip! es una de las partes esenciales de este producto. Estuvimos allí probando algunos de ¡hip! los caldos que presentaban los expositores y la verdad es que, ¡hip! profesionalmente hablando, la visita mereció la pena. ¡Hip!

Alimentaria fue escenario, además, de una ingente cantidad de actividades paralelas verdaderamente interesantes como la muestra de los Premios Best Pack, el espacio Innoval, el Congreso de la Dieta Mediterránea, BCNVanguardia y muchas otras conferencias, charlas y jornadas acerca de lo que verdaderamente nos importa: el futuro, lo que le espera a la vuelta de la esquina a la industria alimentaria.

 

 

Así pues, quizás porque no podemos despojarnos de cierto atavismo, o quizás porque todavía una videoconferencia no es lo mismo que un almuerzo en El país de los 100 Quesos, el caso es que, una vez más, Alimentaria ha vuelto a conseguir eso que tan solo encuentra quien no lo busca: el éxito.

En definitiva, no tengo duda de que dentro de dos años volveremos a vernos en Alimentaria, el reloj de la industria, para poner el reloj de la alimentación en hora.

 

D. Barreiro – eurocarne

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